Choquequirao

El 27 de enero del 2008 partimos Karina, David (Francia), Caro (Colombia) y Yo hacía Abancay. Arribamos como a las 6 am al terminal de Tepsa. Esta empresa tiene buenos buses y llegamos sin contratiempos.
Ahí esperamos a nuestro amigo Celestino, mientras tantos salimos a tomar algo caliente ya que el soroche estaba merodeando.
Hicimos las compras de los víveres que necesitaríamos para el trekking. El calor se hacía sentir.
Partimos hacía Cachora. En el camino paramos en Saywite. Es un monolito de casi 4 metros de diámetro. Tiene múltiples figuras talladas. Se dice que representan la vida del Tahuantinsuyo.
Arribamos a Cachora para la hora del almuerzo. Y nos ubicamos en el hospedaje de Don Celestino. El pueblo es pequeño pero muy verde a los alrededores, las casas son de adobe, algunas de material noble. Probamos la chica de jora, creo que el chichero no estaba en su mejor momento.
El cielo nublado, y llovió por corto tiempo. Alistamos todo para el día siguiente.
28 de enero, amaneció nublado. Cargamos los víveres, la carne y verduras en bidones especiales. Nos acompañarían el cocinero Edwin, su esposa Ana y el pequeño Julio, un niño muy astuto y trabajador. Llevamos 5 caballos.
El camino por partes estaba de lodo y excremento de animales. Debido al clima tropical no era necesario que salga el sol para sentir calor. La humedad y el bochorno fueron de los 4 días. Sofocante. Había momentos de sol también. El camino hacía el complejo es bien marcado, señalizado y limpio.
Nuestro primer campamento fue en Santa Rosa baja. Para llegar se ingresa al Cañon del Apurimac y se desciende hasta el Puente en Playa Rosalinas, cruzamos el Rio Apurimac y subimos hasta el campamento. Durante este trayecto pasamos por los miradores de Huancacalle, Capuliyoc y Coca masana, por dónde almorzamos en una simpática casita de totora. En total casi 7 horas. Es importante llevar suficiente agua y sobre todo repelente. Los insectos hicieron un festín en nuestro cuerpo.
En Santa Rosa se puede encontrar un puesto que vende gaseosas y agua. También hay un trapiche para los que deseen probar jugo de caña. Hay agua para lavarse y una casita donde cenamos.
29 de enero partimos hacía el campamento de Phaqchayoc, antes pasamos por Marampata acá también hay tiendas donde se puede adquirir desde jabones, golosinas hasta víveres. Es una colina con una vista muy simpática hacía el cañón. Luego llegamos al mirador de Sunchupata desde donde se puede apreciar los balcones (andenes) enclavados al borde de la montaña sobre el abismo. Espectacular!!, nadie dejaba de asombrarse ante semejante construcción. ¿Cómo lo hicieron?, ¿Por qué en ese lugar? y otras tantas preguntas que quizás la historia nos pueda descifrar. Estos andenes en conjunto tienen la forma de un cóndor. Finalmente llegamos al campamento.
Aquí está el campamento de los arqueólogos y trabajadores. Hay baños, duchas y lavadero. Hasta cordel para tender la ropa!. Almorzamos al aire libre. Qué más podíamos pedir!!.
Por la tarde, emprendimos la subida hacía el Centro Arqueológico, pero el clima no nos fue favorable. Había muchas nubes, neblina, por momentos se despejaba pero por cortísimo tiempo. Lo malo fue pagar y no recibir ninguna orientación de algún guía especializado. Los restos en el Hurin y Hanan están bien conservados, pero la zona donde están las figuras de las llamas está descuidada, así como el camino. Debido al tipo de suelo pedazos de tierra que han cedido por las lluvias. Aún así Choquequirao es un lugar mágico y misterioso, rodeado de tupida vegetación. La ubicación de sus construcciones, la forma, el material usado, todo es impresionante y que nos llena de mucho orgullo.
30 de enero. ¡¡feliz cumpleaños Negra!!. Fuímos a conocer esos andenes que habíamos visto el día anterior desde el mirador. Ahí hay una hermosa casita inca llamada “Casa de la caída de agua”, desde sus ventanas se ve una enorme caída de agua entre el bosque.
Bajar por esos andenes es de vértigo, parece que nos fuéramos hacía el abismo mismo.
Regresamos al campamento para alistar las cosas y partir de regreso. Recomendación: tomar un día más en este lugar.
El regreso siempre es más cansado, había que bajar lo subido y subir lo bajado. !Oh que calor!. Acampamos en Chiquisca, acá también hay baños, duchas, tiendita y frutas!. Moríamos de sed. Lavamos algo de ropa. La tarde lluviosa de rayos y truenos. Nuestra última cena en el trek. A todo lujo.
31 de enero, partimos rumbo a Cachora, a dónde llegamos para almorzar. Decidimos continuar nuestro viaje hacía el Cusco.
Nos despedimos de nuestros amigos con la promesa de regresar pronto.
Quedó el misterio de ¿Por qué Caro no se quemaba ni le picaban los mosquitos?, mientras que los demás estábamos negros y picados. :-).

Fotos:

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